[1] Crecimiento y Desarrollo Social

En el año 2017 hubo varios procesos político-electorales en Chile, tuvimos elecciones de consejeros regionales, diputados, senadores y presidente. Durante el desarrollo de estos sucesos se apeló mucho a la emotividad y bastante menos de lo deseable a la racionalidad. En un contexto político con algunas señales de polarización, como lo fue la elección presidencial, es lógico que los argumentos más técnicos se dejen de lado y sean reemplazados por la pasión. No obstante, la pasión no debe nublar la razón.

Uno de los grandes temas fue el relacionado con el crecimiento económico. Algunos sectores se empeñaban en señalar como opuestas las ideas de crecimiento económico y desarrollo social. Su argumentación era que una gran proporción de la riqueza adicional generada termina en las manos de unos pocos grupos de poder. Por el otro lado, se escuchaba con fuerza el argumento que el crecimiento genera desarrollo y, por ende, debiese ser este primero el foco para conseguir el segundo. Lo interesante es que, de cierta forma, ambos sectores tienen razón. El aumento de la actividad económica por sí sola no genera necesariamente desarrollo social, entendido esto como un conjunto de avances culturales y derechos sociales garantizados por el Estado. Del mismo modo, obtener desarrollo social sin que exista crecimiento económico es altamente complejo, pues las mejoras en el bienestar de unos provendrían a expensas de otros. Utilizando el velo de la ignorancia de John Rawls y el supuesto económico que “más es mejor”, podríamos decir que lo ideal es buscar soluciones que mejoren la condición de unos sin empeorar la de nadie. Estas mejoras son conocidas como mejoras Paretianas.

Una sociedad con valores. Las relaciones económicas, así como las humanas, son multidimensionales, multidireccionales y valóricas. Siempre debemos recordar que el objetivo último del crecimiento económico es mejorar la calidad de vida de todas las personas. La relación entre crecimiento y desarrollo tiene muchas dimensiones que van desde lo económico a lo cultural. Asimismo, esta relación tiene varias direcciones. El crecimiento es una condición necesaria, pero no suficiente para el desarrollo social. El desarrollo social puede generar crecimiento económico a través de la creación de nuevos mercados o la expansión de los existentes. Por ejemplo, una expansión de la producción de obras literarias, teatrales, musicales, entre otros. Esto nos permite pensar que no existe una relación unidireccional desde crecimiento a desarrollo, sino que más bien la relación va en ambas direcciones y se retroalimenta. Un punto esencial a todo esto corresponde a la parte valórica. La economía, al igual que cualquier otro aspecto de la vida, es afectada por las visiones valóricas de sus participantes. Los valores de la sociedad definen qué entendemos por desarrollo social. Esa respuesta es de gran complejidad, no es algo que se pueda cuantificar como el producto interno bruto o la inflación. Sociedades cuyos valores rechazan la explotación de niños, la depredación del medioambiente, la corrupción, entre otros, tienen estructuras económicas y sociales diferentes a aquellas que le restan importancia. Luego, la participación en política y en las organizaciones de la sociedad civil por parte de los diferentes individuos puede ser vital para la definición de la infraestructura social y los patrones de consumo y producción.

Las sociedades son dinámicas. Entender que las sociedades evolucionan y conocer su estado actual puede hacer toda la diferencia entre mantenerse subdesarrollado, en vías de desarrollo o dar el salto al desarrollo. Simon Kuznets en su artículo seminal de 1955 describe como la desigualdad va variando de acuerdo al estado de desarrollo de los países. Muestra que un país poco desarrollado puede ser muy igualitario pero que a medida que se enriquece y desarrolla la desigualdad puede aumentar. Esto es lo que se ha observado en el caso de China, por ejemplo. Al mismo tiempo, a medida que el país continúa desarrollándose y los grupos sociales exigen mejores servicios y mayor igualdad de oportunidades, el país puede continuar aumentando su desarrollo y, a la vez, disminuir sus índices de desigualdad.

Chile tiene este enorme desafío. Un anhelo mayoritario por disminuir la desigualdad en sus diversas dimensiones, al tiempo de continuar aumentando nuestra riqueza tanto material como cultural. La vía para ello es promover las ciencias, la tecnología y la innovación. A esto se debe agregar una mayor igualdad de oportunidades desde la cuna y progresivamente desde ese punto. Para financiar todo esto deberíamos realizar una reforma tributaria que simplifique el pago de los impuestos y haga extremadamente difícil la elusión. Quizás, un impuesto plano sería un buen inicio del debate.

 

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s